Space Park: explorando la galaxia
Hay muchos juegos de mesa sobre el espacio. Muchísimos. Imperios galácticos, guerras interestelares, economías imposibles y manuales que parecen redactados por una inteligencia artificial de una civilización extinta. Y luego está Space Park, que decide ir por otro camino: el de la exploración optimista, la curiosidad y el placer de viajar por la galaxia sin necesidad de conquistar nada ni destruir a nadie.
No necesitas salvar el universo. Vienes a explorarlo.
En Space Park te subes a un cohete y recorres destinos extraordinarios repartidos por la galaxia, recogiendo cristales exóticos que amplían nuestro conocimiento de lo que hay ahí fuera. Con ellos completarás insignias de exploración y, cuando creas que estás listo, los entregarás en la misteriosa Base 13 para demostrar que mereces el título de gran explorador espacial.
El objetivo es claro, elegante y muy coherente con el tema: al final de la partida, quien haya acumulado más Puntos de Exploración será quien pase a la historia.

Un tablero que gira, literalmente, alrededor de tus decisiones
Uno de los grandes aciertos de Space Park es su tablero modular. Siete destinos se disponen formando un círculo entre las personas que juegan, y esa simple decisión de diseño lo cambia todo. No solo visualmente, sino en cómo piensas cada turno.
En cada ronda, los cohetes se sitúan en tres de esos siete destinos. Esos cohetes no son decoración: marcan exactamente a dónde puedes viajar. Cuando decides desplazarte a uno de ellos y ejecutas su acción, ese cohete se mueve al siguiente destino libre en el sentido de las agujas del reloj.
Y aquí está lo importante, porque no solo estás decidiendo qué acción te conviene ahora, sino qué opciones estás habilitando (o bloqueando) para el resto. El tablero está en movimiento constante, como una atracción espacial que nunca se detiene, y eso genera una interacción suave pero constante, sin confrontación directa, sin agresividad, pero con mucha lectura de mesa.
Space Park consigue algo complicado: que pienses en lo que haces sin que el juego se vuelva denso.
Destinos, cristales y pequeñas historias personales
Cada destino ofrece una acción distinta: conseguir un tipo concreto de cristal, adquirir una nueva insignia que completar, canjear recursos por puntos, o activar a tu fiel robot explorador (al que estamos buscando un nombre), que siempre está ahí para echar un cable cuando lo necesitas.
No hay una única forma “correcta” de jugar. Algunas personas se centran en optimizar cristales, otras van a por insignias desde el principio, otras prefieren puntuar a menudo y no guardar nada demasiado tiempo. El juego no te empuja a una estrategia cerrada, sino que te invita a adaptarte al ritmo de la partida y a las oportunidades que van apareciendo.
Y eso encaja perfectamente con la temática: explorar no es seguir un plan rígido.
Además, Space Park tiene ese encanto de los juegos que generan micro-relatos. No lo verbalizas, pero lo sientes: “esta es la partida en la que fui a por cristales rarísimos”, “aquí el robot (en serio, necesitamos ponerle un nombre) me salvó la jugada”, “esta fue la vez que arriesgué y me salió bien”. Son recuerdos de juego que no dependen de una épica exagerada, sino de decisiones pequeñas pero significativas.

Accesible, pero con recorrido
Otro de los puntos fuertes de Space Park es su accesibilidad. Las reglas se explican rápido, los turnos son claros y el iconografía acompaña. Es un juego que puedes sacar con personas no habituales del mundo de los juegos de mesa sin miedo a que se pierdan a los cinco minutos.
Pero que sea accesible no significa que sea plano.
A medida que juegas más partidas, empiezas a leer mejor el movimiento de los cohetes, a anticipar qué destinos estarán disponibles dentro de dos o tres turnos, a valorar cuándo conviene canjear puntos y cuándo esperar un poco más. Space Park recompensa la experiencia sin penalizar a quien se sienta a la mesa por primera vez.
Es, en ese sentido, un juego muy agradecido: entra fácil y se queda.
Un espacio amable que invita a volver
Quizá lo más interesante de Space Park no sea ninguna mecánica concreta, sino el tono general que transmite. Es un juego luminoso, optimista, curioso. Un espacio donde explorar es emocionante, no peligroso. Donde competir no implica pisar a nadie. Donde el viaje importa tanto como el resultado final.
En un panorama lleno de juegos que buscan ser “más grandes”, “más complejos” o “más épicos”, Space Park apuesta por algo diferente: hacerte sentir bien mientras juegas.
Y eso, aunque no siempre se diga en las cajas, es una virtud enorme.
Si alguna vez has mirado al cielo y has pensado que explorar el espacio debería ser algo maravilloso, compartido y lleno de descubrimientos… Space Park entiende exactamente de qué estás hablando.
Abróchate el cinturón porque el cohete despega. Haremos que el viaje merece tanto la pena como el destino.